Gisell Sierra, es una mujer valiente y luchadora, que creció sumida en un mundo de retos y adversidades que poco a poco le demostraron lo grande que puede llegar a ser. Hoy, es la estrella de su grupo de baile de reggaetón, todos los días, incluyendo fines de semana, ensayan sus coreografías. Apenas el reloj marca las 3 de la tarde, empieza a sentirse “El Flow del Tintal”.
Pedro, Raúl, Mauricio y José, son sus acompañantes, los compañeros que un día la llevaron a convertirse en la bailarina estrella que es hoy. Juntos crearon un ideal de vida el cual esperan que en un futuro cercano, se convierta en realidad: formar su propia academia de baile.
Son las 2 de la tarde, estoy parada en la estación “Banderas” del Transmilenio, a lo lejos, veo a alguien de baja estatura que corre desesperadamente, al reconocerla, me río y le extiendo los brazos para saludarla. Ella, por su parte viene con cara de preocupación y evade mi abrazo.
G: Por favor, perdóname. Tú sabes que yo no soy impuntual. Se me hizo tarde lavando los platos.
P: Amiga, yo te conozco, yo lo sé, no te preocupes.
G: Sí, porque el camino que nos espera es un poco largo.
No hay un alimentador que nos lleve directamente hasta el lugar, toca irse caminando. Pero que mayor privilegio, si aquí es donde más puedo conversar a solas con ella. Durante todo el camino hablamos de cuánto tiempo llevábamos sin vernos y de todo lo que había pasado en nuestras vidas durante ese tiempo y como buenas mujeres, hablamos de los hombres que nos enamoran y nos aturden la vida. Siempre es agradable poder conversar con ella y cuando le cuento mis problemas, siento que ve las cosas desde una perspectiva única y me da los consejos que más necesito y nadie ha sabido darme; extraño mucho el no poder pasar más tiempo con ella, pero entre la universidad y la distancia, es complicado.
Mientras caminábamos por el lugar, sentía como la gente me miraba continuamente, ya era mi segunda visita al barrio aún sentía que alguien me iba a hacer algo. Además, estaba haciendo mucho frío, yo iba lo más arropada posible, pero Gisell tan solo llevaba un esqueleto, no podía creer que pudiera aguantar el clima tan aterrador y es que por más caminata que estuviéramos haciendo, el calor no llegaba a mi cuerpo.
P: Gis, ¿no tienes mucho frío?
G: La verdad es que no, Pau. Con esta caminada que hacemos y el ensayo, no. Además, ya me he acostumbrado a andar así y no es tan terrible, todo está en la fortaleza.
Después de caminar tanto, llegamos al parque, saludé a los chicos y me acomodé en la misma piedra que la primera vez. Traté de no hacerme pasar un mal rato y decidí disfrutar de lo que veía. Y de hecho, esta vez, estuvo increíble. Me gocé cada instante del ensayo, y es que hoy me tocó el mejor día, ensayo con “beat box”. Los muchachos estuvieron increíbles y debo decir que la canción sonó mejor en sus voces que en la de ‘Golpe a Golpe’ y bueno, ni hablar del ritmo y la coordinación, impactante.
P: Muchachos, me encantó el ensayo de hoy. ¿Hace cuánto están preparando esta canción?
M: ¡Uyy! Con esta llevamos como un mes más o menos. Nos ha costado bastante trabajo, pero creo que la estamos sacando adelante.
P: Los felicito, de verdad que sí.
R: Gracias a ti por visitarnos otra vez parcera, de corazón.
Al terminar el ensayo, me volvieron a invitar a la misma tienda de la vez pasada, solo que esta vez el olor era un poco más agradable. Estuvimos compartiendo bastante y me contaron muchas cosas muy interesantes, que por alguna extraña razón, nunca se me había ocurrido preguntarles. Me invitaron a tomar un jugo y a comer roscón, fue un momento bastante agradable, pero debo decir que no me gustó que me hubieran invitado, me sentía muy incómoda, pero al parecer ellos no tenían ningún problema.
J: En la casa siempre me enseñaron que donde comen tres, comen cuatro. Así que con confianza, no hay porque tener pena, los pobres también tenemos nuestra dignidad.
En esta ocasión no solo hablamos de cuando Gisell llegó al grupo, sino de los inicios del mismo. También del porqué del nombre y de un sinfín de curiosidades acerca de todos ellos.
P: Me muero de ganas por saber, cómo fue que se conformaron ustedes antes de estar con Gisell.
R: Pues la verdad es que todo comenzó por mí y por el gusto que le tengo al género urbano, siento que por medio de mis canciones y de mis bailes puedo expresar mis sentimientos. Siempre fuimos amigos en el colegio los tres, desde pequeños y compartíamos los mismos gustos, les di mi idea y decidieron unirse a mí. Es algo que hemos vivido juntos, como todo.
J: Además de eso, siempre quisimos bailar. Desde que estábamos chiquitos en vez de andar jugando fútbol, nos la pasábamos baile que baile. Mi abuelo, que en paz descanse, nos enseñaba algunos pasos de salsa y de rancheras. Eran planes muy divertidos, pero ahora es mejor.
P: Y ese nombre ¿a quién se le ocurrió?
Todos se ríen.
P1: ¡A mí! Estábamos super pequeños y teníamos la palabra flow en la cabeza, era nuestro símbolo, lo que nos representaba. De ahí surge el nombre, lo de El Tintal, no lo tengo que explicar, es muy obvio.
P: Risas. Claro que no es necesario. ¿Se sienten realmente como lo que dice su nombre?
R: Sí. Y sin pensarlo te doy la respuesta, creo que nadie hace lo que nosotros y sobretodo tiene la valentía y la fuerza que tenemos. Porque aquí, la cosa es complicada.
P: Complicada…
J: Sí, desde siempre ha habido conflictos por los gustos musicales, es algo que no podemos cambiar. Por eso luchamos por mantenernos y defender nuestro género.
P: Yo lo que no entiendo es por qué el grupo de hip hop les forma tanto problema, finalmente, de allí salió el reggaetón.
M: Lo que pasa es que ellos creen que nosotros les estamos robando su género, sienten que los atacamos con nuestras letras y con nuestros bailes. Pero eso no es así y nunca lo va a ser, precisamente porque todo lo tomamos desde allí.
P1: El reggaetón está agradecido con el hip hop por todo lo que le ha enseñado y sobre todo, por hacerlo nacer. Eso es lo único que tengo por decir, además, como me dice mi madre la envidia es una declaración de inferioridad y ya … el que lo entendió, lo entendió.
Mientras estábamos conversando entraron a la tienda unos jóvenes con la clásica pinta de raperos: cachucha, jeans anchos y escurridos, chaqueta enorme y tenis desamarrados. Al verlos entrar sentí muchos nervios porque justo cuando hablábamos de las rivalidades, entran ellos y además, todos con cara de malos, como con ganas de hacernos algo. El tiempo que estuvieron allí dentro se me pasó muy lento, finalmente salieron sin inmutar palabra y pude respirar.
G: Uyy, Pau, esa cara y esa actitud estuvieron paila. Trata de no mostrar lo gomelo por aquí que eso se nota.
M: Fresca, pelada. Con nosotros no te va a pasar nada. Además, esos no son los tipos de los que estamos hablando. Ellos rara vez se asoman por aquí, por eso es que nosotros venimos tan seguido.
Creo que es muy cierto el dicho de no juzgar a un libro por su portada, porque en ese momento juzgué bastante mal; también aprendí que debo aprender a controlar los gestos de mi cara, porque con eso, demuestro todo lo que siento y lo peor, es que ellos, lo perciben muy rápido. Pero lo que más me asustaba pensar es que ese temor que yo sentí en ese instante, es el que este grupo de muchachos siente cada vez que reciben un panfleto o sienten un cuchillo en su estómago.
Salimos de la tienda y caminamos para acompañar a cada uno a su casa, durante el trayecto me contaban historias de los lugares y me mostraban los sitios donde habían vivido. Fue un recorrido bastante entretenido.
J: En esa casa blanca de la esquina nací yo, pero es que en esa época mis papás tenían más billete y la vida era más fácil. Esa casa era muy bonita, lástima que nos hayamos tenido que ir más para arriba.
En un momento señalaron un parque enorme, en donde había muchos niños, ellos murmuraban y yo, no tenía idea alguna de lo que ellos hablaban.
P1: Ahí nos encontramos una vez con esos manes una noche, estábamos re asustados, pero no queríamos que vieran el miedo, y es que por la noche pasan cosas raras por aquí. Nos pasaron por el lado y de repente uno de ellos me da un puño muy fuerte en la espalda y todo el grupo sale corriendo. Casi no me puedo levantar, me dieron muy duro, por cierto, esa me la deben.
P: No vale la pena recordar el pasado, finalmente ya está atrás. Más bien sigamos hablando del grupo, ¿ustedes creen que con la llegada de Gisell el grupo ha mejorado?
R: Uff… total. Ella le da el toque mágico al grupo. Pero más que eso, es como nuestra segunda mamá.
M: Sí, es verdad. Ella nos recuerda que debemos ser buenas personas y que tenemos que ir por el camino de lo sano porque los problemas traen más problemas. Siempre que nos torcemos ella nos endereza.
La melancolía los invade y las lágrimas ruedan por la cara de Gisell. Fuimos casa por casa dejando a todos los muchachos del grupo, cada vez que ella se despedía de alguno le decía:
G: Que Dios lo bendiga y lo proteja, cuídese y pórtese juicioso.
Todos respondían, Amén y le agradecían sus palabras. Al final, Gisell me acompañó de vuelta al Transmilenio, me dio un abrazo y me agradeció por la charla y por la visita.
P: Gracias a ti por regalarme estos minutos de tu día.
G: Para mí, siempre será un placer, no se te olvide que esta es tu casa, siempre.
P: Yo lo sé, gracias. Nos vemos pronto. Gracias por enseñarme tantas cosas bonitas, me saludas a los muchachos y te prometo que trataré de no mostrar lo gomelo la próxima vez.
G: Risas. No se te olvide, es clave, cuídate.
Y a lo lejos, veo como se va esfumando entre la multitud de personas que se aglomeran en la estación de Banderas y después de verla, vuelvo a la realidad y realizo que me espera una hora y media de camino para llegar a mi casa.
ATENCIÓN: LOS NOMBRES DE LOS INTEGRANTES MASCULINOS DEL GRUPO HAN SIDO MODIFICADOS A PETICIÓN PERSONAL DE ELLOS, LOS QUE APARECEN ALLÍ SON PSEUDÓNIMOS PARA PODER DIFERENCIAR CADA UNA DE LAS COSAS QUE DECÍAN.