TEMA:
La lucha y el empeño de una joven de 19 años del barrio Tintal (localidad de Kennedy - sur-occidente de Bogotá) por mantener su grupo de danza de reggaetón en este lugar, donde las riñas y amenazas por parte de los "no simpatizantes del género" son el pan de cada día y se amenaza hasta con la muerte.
DESCRIPCIÓN DEL LUGAR:
Es un lugar frío y desapacible, donde las miradas por ser de un estrato social diferente te consumen incesantemente. En el momento en el que pisé el lugar lo único que quería era encontrarme con mi amiga Gisell, la creadora de un pequeño grupo de danza de reggaetón del lugar y es que, a pesar de acordar una hora, ninguna de las dos llegó a tiempo (yo más temprano y ella más tarde). Me sentía sola y pensé que no tendría un rumbo después de un largo viaje, de repente, mis ojos se iluminaron al ver a esa pequeña joven de pelo negro y estatura baja asomándose dentro de la multitud que diariamente agobia el Transmilenio.
El recorrido para llegar al parque donde ensayan desde el portal de buses es largo y toca irse caminando porque no hay un alimentador que llegue hasta el lugar. Seguía sintiendo las miradas penetrantes de la gente mientras subía por la pequeña montaña, es un barrio con muchas personas pero esconde muchas verdades y pasiones, durante el trayecto mi amiga me dijo que no me sintiera temerosa ni nada por el estilo porque mientras uno "no diera papaya" no iba a pasar nada. Antes de llegar al parque entramos a una pequeña tienda de barrio para encontrarnos con el grupo de bailarines de Gisell, todos ellos, hombres. El piso del lugar estaba sucio, con pisadas de tierra y de barro, el olor era como de un restaurante criollo de corrientazo de tres mil pesos, pero las mesas, eran lo único limpio. Muy amables me invitaron a tomar una gaseosa y conversamos un rato, personas muy amigables, que creo eran las únicas que no tenían un prejuicio sobre mí.
Caminamos unas dos cuadras y llegamos al parque donde ensayan, el recorrido fue entretenido, los muchachos me contaron toda la historia del grupo. Un día en el colegio, Gisell se inscribió para un concurso de talentos y como su gusto por el reggaetón es muy grande, decidió hacer una coreografía relativa al género. "Eso fue en noveno grado", dice y fue allí donde conoció a los que serían sus cinco compañeros de baile. "Nosotros estábamos en once y nos gustó mucho lo que ella hizo en la presentación, los cinco ya teníamos un pequeño grupo pero sentíamos que nos hacía falta una mujer." Ella dice que se sintió muy alagada cuando le hicieron la oferta y aceptó sin pensarlo, finalmente, su sueño es convertirse en bailarina profesional. Mientras llegábamos al lugar, también me contaban las historias del barrio. Pasamos por un bar de música popular y uno de los muchachos me dice: "áhí una vez mataron a dos hombres, pasaron unos tipos en una moto y les metieron tres tiros a cada uno, eso sonó terrible", yo sólo pensaba lo qué me esperaba en ese lugar; sin mostrar mucho temor, le pregunté al joven que me contó, por qué habían matado a los señores, "al parecer eran de una pandilla de rateros de por aquí y nunca pagaron unas deudas que dejaron pendientes con su jefe, dicen que muchas veces les advirtieron que la iban a pagar caro y pues, así fue." Quedé perpleja al escuchar esto, estaba todavía más asustada que cuando llegué.
Cada vez que caminábamos y pasaba una moto brincaba del susto, la verdad, es que la sensación de que una de esas motos puede matarte en cualquier instante es aterradora. Gisell me dijo que era mejor que me calmara "ya se te está notando lo gomela, cálmate que por aquí las cosas ya han cambiado bastante y la Policía hace bien su trabajo y con nosotros tampoco te va a pasar nada."
Finalmente llegamos al lugar donde ensayan, cuando me dijeron que era en un parque, pensé que sería un lugar con columpios, rodadero y pasamanos, pero estaba totalmente equivocada. Se nota que ahí hubo un parque alguna vez, porque queda un poco del pasto que estaba allí sembrado y un columpio roto y oxidado, el suelo parecía una calle destapada, llena de tierra, piedras, basura y en una pared un letrero con un mensaje fuerte y grosero escrito en tinta roja insinuando la salida del grupo del barrio. De inmediato les pregunté no solo por el lugar sino por el letrero, me dijeron que el letrero los hacía más fuertes, que cada vez que lo leían, sentían que tenían una fuerte razón para demostrar que lo que ellos hacían sí valía la pena y el lugar, porque era uno de los pocos espacios en donde podían estar tranquilos evitando peleas y discusiones. Como no tienen donde conectar su grabadora, cantan las canciones mientras ensayan su baile, yo, en una pequeña roca los observaba.
Me asombró mucho que estuvieran allí principalmente por evitar peleas, les pregunté si tenían algúna anécdota de la decisión que los llevó a estar en ese frío y tenso lugar. "Ensayábamos en el salón comunal del barrio, era muy tranquilo y teníamos todo lo necesario. Solíamos ensayar el fin de semana por lo que entre semana teníamos que ir a estudiar y hacer las tareas; llevábamos ya tres meses ensayando, un día, bajo la puerta, llegó un papel con las letras recortadas del periódico en donde nos decían que nos fuéramos de ahí porque lo que hacíamos era una ofensa para el barrio y dábamos una imagen incorrecta de acá, que mejor nos fuéramos porque si no, también íbamos a pagarla caro." Al principio no sabían quién les había mandado eso y fue por eso que decidieron quedarse allí. El fin de semana siguiente, llegaron unos tipos encapuchados y los amenazaron con pistolas "salimos corriendo, nos asustamos mucho. Pensamos en este sitio precisamente porque es solitario y no hay mucha gente por ahí rondando."
Y es totalmente cierto, es un lugar por donde pasa muy poca gente, las calles aledañas son bastante solitarias y las casas que están junto al lugar parecen no prestarle atención a lo que hacen los jóvenes allí; sin embargo, el ambiente de tensión y de lucha se percibe con la respiración, como si fueran un mismísimo ser humano. Cada vez que dan un golpe al suelo la tierra se levanta con fuerza causando cierta irritación en los ojos. Por estar en una loma, el viento sopla incesantemente levantando más polvo y además hace mucho frío que, ni con una taza de tinto ni con el baile, se calma. Parece un lugar triste y olvidado, sin mucho que poder decir de él, el olor es a polvo, a tristeza, a soledad, a superación.
Pero estaba el escrito con letras rojas, del que yo aún no entendía mucho, como periodista curiosa también les pregunté. Me dijeron que lo habían mandado los mismos hace como dos semanas "fuimos al CAI y les mostramos el letrero y les contamos dónde era el lugar al que nos había llegado, obviamente nos preguntaron si teníamos pruebas de quienes eran y toda la cosa, contamos lo del salón comunal y al parecer son tipos que ya tienen una vida criminal fuerte, nos dijeron que les iban a hacer un llamado y que no volveríamos a tener que enfrentarnos a ellos y gracias a Dios, así ha sido hasta hoy."
Pero estaba el escrito con letras rojas, del que yo aún no entendía mucho, como periodista curiosa también les pregunté. Me dijeron que lo habían mandado los mismos hace como dos semanas "fuimos al CAI y les mostramos el letrero y les contamos dónde era el lugar al que nos había llegado, obviamente nos preguntaron si teníamos pruebas de quienes eran y toda la cosa, contamos lo del salón comunal y al parecer son tipos que ya tienen una vida criminal fuerte, nos dijeron que les iban a hacer un llamado y que no volveríamos a tener que enfrentarnos a ellos y gracias a Dios, así ha sido hasta hoy."
No disfruté estar allí, la estadía no fue amena ni mucho menos cómoda. Me causó una gran alergia el polvo y no pude respirar tranquilamente durante una semana. Ver el letrero me impactó y me dio a entender que el norte y el sur de la ciudad son dos polos opuestos, la desolación y la tristeza que se respira es impresionante. Lo único que me motivó para continuar allí alrededor de unas cuatro horas, fue la energía de Gisell y de sus cinco compañeros (quienes me pidieron no revelar su identidad), sus ganas de salir adelante y de superarse a sí mismos sin importar el asfalto o el pasto que pisen y sin importar las palabras y amenazas de los demás, es por ellos que el lugar de repente puede convertirse en una fiesta, pero sin asistentes, porque todo el mundo le teme a esas personas que están en contra del género urbano.
El inicio del segundo párrafo desubica un poco. Quizás puedas hacer esta descripción más sencilla para un lector que no sepa del tema: “el olor era como de un restaurante criollo de corrientazo de tres mil pesos”. Lo digo, además, porque aun conociendo de eso alguien podría pensar que ese olor es bueno y creo que tu mensaje es el contrario. Cuando hablas del mensaje “grosero”, ¿por qué no mostrarlo? Haces un buen intento, solo debes tratar de hacerlo más vívido.
ResponderEliminarBuen trabajo, no sólo narras sino que asumes una posición e interpretas esa realidad.
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